El ciberactivismo como herramienta de participación social

Publicado el lunes, 13 de enero del 2020 - 08:15 pm. Por: Miguel Cichanowski

El sábado 11 de Enero se conmemoró el Día del Ciberactivismo, y para ello es bueno recordar qué es y el por qué de la fecha recordada.

Definimos al ciberactivismo como el fenómeno cultural desarrollado a partir de los medios digitales como internet y los teléfonos móviles, que promueve la participación política o social, para que el debate trascienda del plano virtual al real o modifique de alguna forma el pensamiento o comportamiento de un número amplio de personas.

Y en particular la fecha nos lleva al año 2013, cuando un 11 de Enero, Aaron Swartz, un jóven brillante de 26 años, se quitaba la vida en Nueva York, así como alguna vez en nuestro país en el año 2000 lo hiciera el Dr. René Favaloro, para dejar un testimonio imborrable de la injusticia.

¿Quién fue Aarón Swartz?

Para muchos tal vez resulte un nombre desconocido, pero Aaron Swartz fue unos de los principales responsables de que disfrutemos de la Internet como la conocemos hoy en día. A pesar de que su vida fue muy corta, logró tener un enorme impacto en el mundo, dejando una huella imposible de borrar. Las contribuciones de Aaron a la red son más que destacables, y con su muerte todos sufrimos una gran perdida.

Aaron Hillel Swartz nació el 8 de noviembre de 1986, en la ciudad de Chicago, Illinois. Su padre tenía una compañía de software y desde pequeño Aaron estuvo empapado sobre el mundo de la tecnología. Ya a los 13 años Aaron recibía un premio por crear sitios web no comerciales con contenido educativo y colaborativo.

Aaron demostró, desde muy temprana edad, no ser un chico normal; de hecho, ser uno muy peculiar, único y genio. Su curiosidad e inteligencia lo llevarían a destacarse del resto de los chicos, vivir una vida distinta, crear cosas sobresalientes; es más, pocas personas en su vida profesional logran involucrarse en proyectos con tanta relevancia en el mundo actual. Sin embargo, esto mismo le costó ser un chico solitario, incomprendido, incluso incómodo y, por tanto, su existencia estaría marcada por largos periodos de aislamiento, con diarios personales que hablaban de su soledad, así como notas suicidas desde mucho antes que llevara a cabo el acto de quitarse la vida.

Al hablar de Aaron Swartz siempre habrá tres constantes: siempre fue muy joven para todo lo que hizo, claro, incluso para morir; también que su sensibilidad rebasó su genio y por tanto se dio en cara con muchas de las estructuras existentes en este mundo; y por último, que él remite a una etapa del Internet que nunca volverá a ser el mismo.

El 11 de enero de 2013 se enteraba el mundo de la muerte de Aaron Swartz. Se le describía como un programador y desarrollador que había tenido problemas legales, por los cuales pendían acusaciones que habrían podido acarrearle hasta 50 años de prisión. La atención de propios ajenos se posaron en la noticia, en el joven prodigio que se vio orillado a quitarse la vida por la presión de las acusaciones, por la condena que podía alcanzar de no ganar el juicio; pero también desató una ola de opiniones y acusaciones a aquellas instituciones demandantes, así como al gobierno por su desmedida persecución de un delito que, bien visto, parecía algo menor y más bien atendía a cuestiones políticas que no valen la vida de ningún chico.

Aaron fue para muchos una de las mentes más brillantes del presente siglo, para otros fue un brillante hacker, para otros un delincuente de las computadoras. Lo que sucedió es que Swartz utiliza los servidores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) para bajar y guardar en discos duros miles de artículos científicos y de todos los temas posibles y por haber.

La idea del genio era crear una plataforma para que todos esa información estuviera a la mano de cualquier usuario, en cualquier monitor, en cualquier país, en cualquier idioma. La propuesta, en concreto, era liberar el conocimiento atado a los intereses de las grandes corporaciones.

Swartz fue el primero que alzo la voz contra las falsedades del llamado dominio público, referente a la información que se encuentra en las bibliotecas y archivos de gobierno, universidades y centros de investigación. Dijo el activista que ese conocimiento en realidad se encuentra vedado a los ciudadanos del mundo por gobiernos y empresas.

El joven argumentaba que esos artículos y estudios realizados en el pasado ya habían sigo pagados por alguien, con dinero público y privado, y que no había una razón para que no circularan abiertamente.

En el fondo, Swartz abogaba por la libertad de información y conocimiento en igualdad de condiciones en la Internet.

Así mismo, la muerte de Aaron Swartz evidenció, una vez más, el peso de la transición generacional en una era donde los nativos digitales innovan y las viejas estructuras aún están en el poder.

Y esto es uno de los puntos importantes en la historia, puesto que, de comprender de qué va la cultura del Internet, su composición, las personas que están detrás, que las regulaciones deben ir alcanzando a la innovación de una forma flexible y no destructiva, cerrada; representa la salud de esa cultura, de las empresas, servicios y plataformas que antes no existían pero que deben, y es inevitable, que existan. Pero esto no fue así entonces y aún parece estar lejos esa etapa.

Los amigos y conocidos de Aaron Swartz han comentado en varias ocasiones el impacto de conocer a ese niño genio en persona, de verlo involucrado en proyectos tan importantes desde los 14 años: fue coautor de las especificaciones RSS, se convirtió en un miembro de la W3C, RDF Core Working Group. Codiseñó el formato del lenguaje Markdown, con John Gruber, mismo que en el que está hecho este artículo, por ejemplo. Ayudó a diseñar el código de las licencias Creative Commons, desarrolló la arquitectura del sistema de Open Library. Más tarde fundó Infogami, una empresa que se fusionó con Reddit y que luego sería adquirida por Condé Nast. Así mismo, fue una importante voz y pieza moral en el veto de la iniciativa de ley SOPA, que significa Stop Online Piracy Act y era el Acta de cese a la piratería en línea, un proyecto de ley presentado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos en Octubre del 2011 por el y que tuvo como finalidad expandir las capacidades de la ley estadounidense para combatir el tráfico de contenidos con derechos de autor y bienes falsificados a través de Internet.

Durante todas estas actividades, y tal como dijimos al principio: a muy temprana edad, Aaron sorprendía por involucrarse en tantos proyectos que hoy son parte de la vida cotidiana de muchos e importantísimos para la cultura del Internet.

¿Cuál fue problema legal que lo acorralaría con 26 años de edad, y por el cual se le podía condenar a 50 años de prisión, además de una multa de 4 millones de dólares?

Lo que hizo Aaron fue descargar de JSTOR, la conocida biblioteca digital en donde se albergan publicaciones científicas y académicas, cientos de artículos. Lo hizo a través de un servidor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y esto le costaría esas penalizaciones mencionadas. Al principio se le presentaron cuatro cargos, pero más tarde se le sumaron otros nueve, es decir, un total de trece acusaciones. Esto demostró la persecución desmedida y focalizada en dejar un “precedente” con el caso de Aaron.

Tal vez ese problema legal fue la catapulta para él para ese último acto, o la suma nefasta con esta persecución encarnizada por un delito menor a la serie de problemas en su personalidad y su frágil estabilidad emocional que siempre se vio comprometida por la vida cotidiana, por la realidad aplastante para los seres sensibles y visionarios que generalmente no encuentran su lugar en el mundo.

En Agosto del 2013 Aaron Swartz ingresó de manera póstuma al Salón de la fama de Internet, y será recordado por siempre por todos aquellos que valoramos las libertades de la red, el movimiento de la cultura libre y la democratización de la información.

Notas

Vonne Lara y Gabriela Gonzalez – hipertextual